Archivo mensual: febrero 2016

Reseña del libro “Acción Travesti Callejera Revolucionaria” en el blog “La realidad escondida”.

De Stonewall a nuestros días. Una estrella QUEER: S.T.A.R.

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¿Qué es S.T.A.R. te preguntarás? Yo también me lo pregunté al empezar el libro del que voy a hacer la crítica. Sí, en la propia portada resalta ‘Street Transvestite Action Revolutionaries’. O lo que es lo mismo, “Acción Travesti Callejera (y) Revolucionaria”, aunque no se encuentre, yo le habría puesto el Y. Como me dijo la persona que me recomendó el libro, Mané Fernández, que es además una persona fascinante: ‘es corto pero es una joya’. Por supuesto, pero es más que una joya; es una perla que recuperamos del olvido, es un diamante en bruto contra todas las violencias reunidas en una que se llama OPRESIÓN, es un rubí como la pasión de la lucha de sus protagonistas, una esmeralda de esperanza por un mundo mejor sin persistente violencia (LGTB+fóbica), un zafiro que simboliza la eterna conexión entre quienes luchan por la igualdad entre personas sin rostro, ni sexo, ni sexualidad, ni identidad de género; personas sin etnia, sin diversidad funcional, sin religión; personas sin cuerpo pero sin duda, con un alma más poderosa que la de todos los líderes de la historia que hayan existido y existirán para reprimir la libertad. Esto nos involucra a TODES.

Este libro, que tan fácil me resultó de encontrar acertadamente en Traficante de Sueños, nos narra diversas historias que en general, rondan los disturbios de Stonewall. Y es cuando, leyendo este libro une misme se da cuenta de lo importante que es tener memoria y cuál fue el punto de inflexión para las reivindicaciones de la disidencia afectivo-sexual y de género. Lo digo de esta forma porque no deberíamos negar y/u ocultar ni siquiera inconscientemente, que ya existía una cultura suburbana, si no LGTB+, por lo menos LGT. Y si ello no nos llama la atención de por sí, es triste saber que a una de las protagonistas, Marsha P. Johnson, la encontraron asesinada en el río Hudson siendo la policía la que desatendería la investigación voluntaria y encubiertamente, pues se trataba de una disidente más de (identidad de) género, cuya expresión de género tanto chocaba con su sociedad.

Si bien he de decir que no estoy de acuerdo con ciertas políticas del movimiento QUEER radical (de raiz, que no extremista), es porque también hay que situarlas en contexto. El mundo sigue inundado por esa LGTB+fobia que Stonewall prometía exterminar, pero gracias a la valentía de Marsha y de Sylvia Rivera, podemos desarrollar nuestras vidas de forma un poquito más libre. tinComo decía, en declaraciones de Sylvia Rivera, aseguraba que su intención era destruir el sistema por ser capitalista y exterminador de toda disidencia, pero en ningún momento destruir o dañar a las personas que viven en el sistema. Efectivamente, y más como ecologista que soy, abogo por un movimiento internacionalista por la paz; aunque deberíamos ser conscientes que, incluso siendo Sylvia pacifista, resulta difícil no violentarse y oponer una fuerte resistencia cuando el acoso sistemático de la policía en forma de palizas y violaciones era (y es en algunos lugares a día de hoy) cubierto por las instituciones.

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Si bien es una lectura con la que emocionarse con las redes de compañerismo que surgían (S.T.A.R. específicamente para las personas TRANS* y para las personas de expresiones de género no normativas) entre las décadas de principios de los 60 y finales de los 90, dicho compañerismo surgía más por la necesidad de supervivencia que por activismo LGTB+Queer como lo entendemos actualmente. Las personas Trans, al igual que los hombres gays con expresiones de género muy femeninas, solían encontrarse a los márgenes de la sociedad; eran personas repudiadas en sus casas de origen (no las pienso llamar “hogar”) y por tanto, huérfanas no literalmente tanto como ‘sin techo’. Las experiencias de estas personas que desde entonces ya construían, quizás sabiéndolo o quizás sin saberlo, el futuro movimiento internacional Queer, no se basaban en su disidencia afectivo-sexual o de género, aunque era un gran pilar.

Y lo más interesante de todo es que ello no les impedía disfrutar de los pequeños momentos de lucha, no les impedía tener su orgullo de reina, de Drag Queen; eso no les impedía ser reprimidas por los múltiples abusos de las autoridades, las palizas y las violaciones institucionales (físicas y de DDHH), pero sobrevivían y volvían a salir a la calle; NADIE podía pararlas, pararles. Tenemos mucho que aprender del pasado, aunque dejando la violencia a un lado y siendo críticos con el movimiento asimilacionista. ¿Asimilación por asimilación? ¿A qué coste? ¿Reprimiendo a nuestras compañeras? Ser críticos con el asimilacionismo de identidades disidentes por la creación de nuevas ‘normas’ represoras, de prejuicios y de estereotipos que incluso se reproducen dentro de la comunidad LGTB+, es un buen paso hacia la igualdad. ¿Tan difícil es dejar el odio de lado y respetarnos como nada más que personas? Vaya, qué QUEER me ha quedado eso.

Una pega que identifico en el libro es la gran falta de claridad en cuanto a las etiquetas, pero dándonos cuenta de que estamos en una lucha Queer donde la discusión sobre la definición de las etiquetas no merece realmente la pena. ¿Qué es para nuestras protagonistas la identidad “TRANS”? ¿Aquellas personas que hablan de “Trans”, presuponen el deseo de la reasignación de sexo o no? ¿Cuál es la diferencia que hacen entre travesti, transexual y transgénero? ¿En qué se diferencian las experiencias de personas Trans con personas Cis cuyos roles de género están ‘totalmente alterados’ según la norma de la sociedad? ¿Dónde queda para ellas la línea entre Drag Queen y el resto de identidades? Es muy interesante el reflexionar sobre estas cuestiones a lo largo de la lectura del libro, pero como digo, siempre recordando el contexto. Cuando te rompen la cara o las piernas con la porra de un policía, da igual qué identidad tengas, te están partiendo algo; en ese preciso momento, te da igual ser Trans, que gay, que lesbiana, que lo que seas, porque tu vida está en juego y tienes que defenderte para sobrevivir.

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Si bien hay muchos países en los que ha cambiado la situación, tristemente en la mayoría de países aún persiste LGTB+fobia social, institucional, legal, sanitaria, educativa… y queda MUCHO pero MUCHO que hacer. Y gracias a Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, si contamos con ellas en nuestro imaginario, nuestra lucha será más completa.

Gracias por vuestra lucha, la que es mi lucha también.
Sin violencia y siempre anti-capitalista, cosmopolita, feminista, LGTB+Queer, anti-fascista
y anti-racista, sin capacitismo ni especismo, sin edaísmo ni mierdas discriminatorias.
Por vosotras, por todas nosotras. ES LA HORA.


Charla – Presentación del libro “Acción Travesti Callejera Revolucionaria” en el Hall de GHIS, Universidad Complutense de Madrid, el martes 16 a las 13.00.

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El martes 16 a las 13.00 en el Hall de GHIS: S.T.A.R: Acción Travesti Callejera Revolucionario.

Facultad de Geografía e Historia, de la Universidad Complutense de Madrid.

Metro: Ciudad Universitaria

Autobús EMT: G


La Historia De La Acción Callejera Que Revolucionó El Mundo Y Que No Conoces

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Silvya Rivera y Marsha P. Johnson protagonizaron  las revueltas de Stonewall el 28 de junio de 1969 en New York. Ahora una de las calles del mítico barrio Greenway Village lleva su nombre.

Los disturbios de Stonewall Inn, bar newyorkino en el que se reunía la comunidad LGTB  en los años 60, comenzaron a raíz de una redada, 6 días después de la muerte de Judy Gardland, icono gay gracias a su personaje de Dorothy. Era la primera vez que la comunidad LGTB de Estados Unidos luchaba contra aquellos que les perseguían, principalmente grupos radicales y polícia, los cuales, habitualmente, hacían redadas en los bares criminalizando la homosexualidad y el travestismo. La policía simplemente era un aparato del gobierno conservador; recordamos a Richard Nixon, embajador de la beneficiosa guerra de Vietnam y ferviente seguidor de la cruzada anticomunista, también llamada Macarthysmo.

En un clima de contracultura, movimiento antibelicista y de lucha por los derechos civiles,  la gente se reveló y salió a la calle a protestar contra la persecución policial hacia la comunidad LGTB. Cientos de hombres y mujeres homosexuales, transgénero, negros, blancos, hispanos y, lo más determinante, de clase obrera, se aunaron en el grito de gay power! y se organizaron como activistas por los derechos de la comunidad LGTB. Los enfrentamientos debieron ser intensos: los antidisturbios fueron humillados en las batallas campales, a pesar de todos los recursos de los que disponían. La unidad de intervención policial que agredía y acosaba a la comunidad se llamaba “Brigada de Decencia pública”.

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Cuando leo sobre estos sucesos me acuerdo de Pride (2014) y la alegría contagiosa que produce la lucha colectiva. Justo un año más tarde, el 28 de junio de 1970, se produjo la primera marcha del orgullo gay. Es curioso ver cómo en la actualidad se ha mercantilizado esta fiesta y se ha olvidado la esencia de su origen.

Después de Stonewall, aparte de la popularización de las marchas, hubo una gran organización en la comunidad LGTB, y uno de los grupos fruto de los enfrentamientos fue S.T.A.R, Street Transvestite Action Revolutionaries, gracias al apoyo de FLG (Gay Liberation Front), también creado tras las revueltas, e inspirado por las Panteras Negras; el acrónimo hace referencia a la estrella, icono gay de la época y símbolo de liberación de los esclavos negros utilizado por el Partido.S.T.A.R. impulsó un proyecto  de apoyo a disidentes sexuales desde la nada, ayudaba  a personas víctimas de homofobia y sexofobia. Lo encabezaban Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, dos revolucionarias transgénero, pobres y prostitutas, una afroamericana y otra de origen puertorriqueño. 

La primera aparición pública del colectivo fue en una manifestación en apoyo a los Young Lords, grupo político juvenil partidario de la independencia de Puerto Rico.

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En 2014 se cumplieron 45 años del aniversario de los disturbios de Stonewall, y un año después, la editorial Imperdible ha editado por primera vez una recopilación de textos y entrevistas, diálogos y discursos de las activistas. Acción Travesti Callejera Revolucionaria/ Superviviencia, revuelta y lucha trans antagonista es quizás el manifiesto  histórico de la autoorganización y revolución queer más importante de nuestra época. Para mí, un descubrimiento imprescindible sobre la historia de S.T.A.R, además narrado por las protagonistas.

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La campaña “Con la voz bien alta” de FELGTB muestra un vídeo para concienciar de la aún candente homofobia y sexofobia en el Estado español y nos recuerda también a  Marsha y Sylvia; plantea  la importancia de la solidaridad, de la lucha colectiva y, sobre todo, de la denuncia.

We are the Stonewall girls
We wear our hair in curls
We wear no underwear
We show our pubic hair…
We wear our dungarees
Above our nelly knees!’

 

Clara Asín Ferrer.

http://www.codigonuevo.com